¿Prefieres la seguridad o la felicidad?

Es la pregunta que lancé la semana pasada en mi Twitter. Al momento se estableció un debate interesante, defendiendo ambas posiciones.

emprender un negocio con felicidad para una nueva empresa en un nuevo futuro

Partamos del hecho de que felicidad y seguridad no siempre han de estar enfrentadas. Yo mismo conozco a muchas personas que son felices en sus trabajos “seguros” (aunque creo que a largo plazo ni siquiera los funcionarios tienen garantizado su empleo).

Partamos también del hecho de que no soy partidario de ir por la vida como un “kamikaze”. Hay que pagar facturas y hay que vivir. Por lo tanto, y ante todo, utilicemos el sentido común a la hora de tomar decisiones.

Sin embargo, es muy habitual encontrarse con profesionales que no son felices con lo que hacen. Se dirigen a su rutina laboral diaria con resignación porque, en teoría, no les queda más remedio. Una persona me dijo hace tiempo que su vida comenzaba cuando salía de su trabajo. Y a mí eso me parece triste. No es ningún secreto que la insatisfacción es un sentimiento generalizado, y que los trastornos de ansiedad y depresión están a la orden del día. Hay muchísimas personas que nos son, precisamente, felices.

Y todo esto se puede aplicar también a las empresas. Organizaciones que no están del todo satisfechas con las condiciones del mercado “seguro” en el que operan (sobre todo cuando tienen algunos pocos clientes que aseguran un volumen de actividad –en condiciones, normalmente, duras-) pero que no se atreven a explorar nuevas vías por temor a lo desconocido.

En el fondo, estamos ante la victoria del principio de “uniformidad-seguridad” frente al de “responsabilidad-riesgo”. Vence la opción de no salirse del camino conocido. Vence la opción de hacer lo que hace la mayoría, no vaya a ser que seamos señalados por hacer algo diferente y “dar la nota”

Pero para avanzar, que es lo que necesita nuestra sociedad, hace falta asumir algunos riesgos, siempre con responsabilidad. Como digo en casi todos mis escritos, el mundo cambia, cada vez más rápido. Aferrarse a lo que se conoce como “la zona de confort” es comprar muchos boletos para tener un futuro muy convulso.

Me gusta acudir al mundo del deporte para establecer paralelismos con nuestra realidad. Y para el tema que estoy tratando en este post, hay un ejemplo que viene como anillo al dedo: el de Fernando Alonso, piloto de Fórmula 1.

El ejemplo de Fernando Alonso.

Fernando Alonso será, posiblemente, el mejor piloto de la parrilla. Dos veces campeón del mundo, lleva muchos años peleando por obtener su tercera corona. Sin embargo, por unas causas o por otras, no ha vuelto a ganar el campeonato desde el 2006.

Ha estado cinco temporadas en el que se supone que era el mejor equipo, Ferrari. La realidad ha sido que ningún año ha tenido un coche que estuviera a la altura de los mejores. Aún así, en dos ocasiones llegó con opciones a la última carrera.

Tenía dos años más de contrato con el equipo italiano, pero decidió romperlo para intentarlo en otro lugar. No le quedan muchas temporadas de actividad profesional al máximo nivel. Su tiempo se le acababa. Y Ferrari no parecía estar en disposición de darle un coche ganador.

Firmó con McLaren-Honda. Los japoneses vuelven al campeonato después de muchos años. El arranque no está siendo fácil. De hecho, está siendo un desastre.

una nueva empresa para un nuevo tiempo

No, no es el coche de Fernando Alonso

España es un país en el que se señala al que lo intenta y fracasa. En los medios de comunicación se habla y se opina, día sí, día también, sobre el acierto o no en la decisión del asturiano. Las críticas arrecian.

Pero Fernando razona con bastante lógica: donde estaba iba a seguir peleando por ser, como mucho, segundo, detrás de los inalcanzables Mercedes-Benz. Tenía que intentar algo distinto si quería volver a ser campeón. Tenía que asumir riesgos.

Los balances hay que hacerlos cuando corresponden, que es al final de los ejercicios. El contrato de Fernando Alonso con su nuevo equipo es de tres años de duración. Hay que fijarse en la foto del final, no en la del principio.

Conclusiones.

Ya sé que la situación del asturiano es muy particular. Sus necesidades económicas están más que satisfechas. Es el piloto mejor pagado de la parrilla y con lo que cobra en un año casi todo el mundo tendría la vida prácticamente resuelta.

Pero su caché económico está en consonancia con su determinación de volver a triunfar, de regresar a lo más alto. Podría haberse dejado llevar, seguir donde estaba y terminar en el lugar que su coche le hubiese permitido.

Los inicios de una nueva aventura suelen ser difíciles. En este caso se han juntado un equipo inglés con un fabricante de motores japonés. Todos ellos son muy buenos en su actividad, con resultados contrastados durante años. Y sin embargo, como decía al principio, el arranque está siendo desastroso.

Pero me cuesta creer que las cosas no vayan a cambiar en lo que queda de temporada y las dos siguientes. El tiempo da y quita razones. Veremos qué pasa.

Tu caso.

Tú (o tu empresa) no necesitas hacer las inversiones del equipo McLaren-Honda para intentar nuevos caminos. Son muchos los ejemplos de emprendedores que han logrado salir adelante asumiendo un nivel de riesgo muy bajo.

Normalmente, y salvo casos extremos, no soy partidario de cambios drásticos en la vida personal o en la actividad de una empresa. Todo el proceso empieza por hacerse la pregunta sobre qué nos hace felices. La respuesta nos marcará el inicio de la reflexión estratégica que tenemos que realizar para definir nuestro proyecto vital o empresarial.

Nunca es tarde para empezar. A pesar de todos los cambios que vienen, y de la incertidumbre que conllevan, hay un mundo lleno de posibilidades esperándote. No le temas al futuro. Pelea por él. Sería una pena que el miedo te hiciera perder las oportunidades tan buenas que tienes. ¿No te parece?

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