Las 5 claves de una empresa competitiva en el tiempo

Este verano he caído en la cuenta de que, a mis 45 años me encuentro, aproximadamente, en el ecuador de mi carrera profesional. Y ese tipo de momentos suelen ser buenos para hacer un repaso de lo hecho hasta el momento y de ver cómo afrontar el futuro  para conseguir tener una empresa competitiva en el tiempo.

las 5 claves de una empresa competitiva en el precio

En estos 20 años he vivido una auténtica revolución tecnológica. Fui testigo directo del proceso de informatización en toda una redacción de una televisión autonómica (Euskal Telebista –ETB-). Porque cuando empecé en julio de 1992 la gente trabajaba con máquinas de escribir. Las computadoras eran escasas y se utilizaban, fundamentalmente, para tareas administrativas.

Como todo cambio, al principio costó hacerse a su utilización, pero una vez superada la fase de aprendizaje, escuché mucho aquello de “¡cómo he podido vivir sin esto!”.

Internet era algo que apenas existía en el tejido PYME. Cuando vi las posibilidades que ofrecía la web y el correo electrónico, propuse a la dirección de la empresa en la que trabajaba en 1997 subirnos a ese tren. La contestación que recibí fue (literal): “¿Para que estéis viendo tías en pelotas todos los días? ¡Ni hablar!”. Ya veis la consideración que tenían de notros quienes nos dirigían, así como su visión para desarrollar la empresa. Al de pocos años, esa organización cerró.

Internet funcionaba a través de la línea telefónica, por lo que su velocidad era lenta. Un archivo adjunto algo pesado bloqueaba el correo electrónico. Hacia el año 2000 se empezó a popularizar la transmisión de datos a través de líneas RDSI y ADSL. Y más adelante llegó la fibra óptica.

El caso es que estas historias, que parecen las del “abuelo cebolleta”, han ocurrido hace no mucho y han hecho que nuestra forma de trabajar se haya transformado de manera radical.

Los cambios suceden ahora a mayor velocidad. Ello hace que, no solo la función directiva, sino prácticamente cualquier tarea, sea más compleja, ya que es mayor el número de variables que tenemos que manejar, y por lo tanto, el nivel de incertidumbre en el que desarrollamos nuestra labor es también mayor.

Ello puede producir, en muchos casos, cierto desasosiego o ansiedad. Sin embargo, si tenemos en cuenta las características que marcan nuestro entorno económico actual, veremos que se nos facilitará mucho la toma de decisiones.

¿Qué ocurrirá en los próximos años?

El mundo que nos viene se va a caracterizar por:

1, Movilidad.

Viajar se ha abaratado mucho. Recuerdo que en septiembre de 1996 fui a Ecuador. El billete de avión me costó 166.000 pesetas (1.000 €). Hoy se puede ir por 932 €, y estoy seguro de que buscando con más detalle encontraremos ofertas aún mejores. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el coste de la vida ha subido un 56% desde entonces.

El abaratamiento del transporte aéreo, junto con la digitalización y la mejora de la interconectividad, ha hecho que la gente se mueva más por el mundo. Ello significa que nos enfrentamos a nuevas amenazas (competidores internacionales), pero también, a nuevas oportunidades (podemos llegar a clientes a los que antes no teníamos ocasión de acceder).

2. Flexibilidad.

Si estamos en un entorno donde podemos tener, por ejemplo, un cliente de Arabia Saudí y un proveedor de Argentina, está claro que nuestra forma de trabajar no puede ser la de siempre. Porque es posible que tengamos que volar en sábado a Riad para asistir a una reunión en domingo, día de trabajo allí. Los convenios laborales se han quedado desfasados.

Si además, y como es evidente, debemos procurar que las personas que forman parte de nuestra organización puedan llevar una vida equilibrada, donde tengan tiempo para poder estar con sus familias (o utilizando ese tiempo libre en otras actividades que les satisfagan), está claro que tenemos que pasar de la cultura del “presentismo” (estar muchas horas en la oficina) a otra basada en resultados.

En el mundo anglosajón, así como en países como Alemania, Japón, Suecia,…, es práctica habitual el evaluar la labor profesional de las personas a través del estudio de su rendimiento de acuerdo a datos y hechos objetivos. Las horas extras están mal vistas. Indican que la persona no realiza su tarea de manera adecuada. En España, por desgracia, aún falta mucho para llegar a este escenario.

Aprovechemos las posibilidades que ofrece la tecnología para fomentar prácticas como el teletrabajo. Tratemos a nuestros compañeros como lo que son, personas adultas que son responsables de desempeñar su labor con la máxima diligencia.

Richard Branson, por ejemplo, ha puesto en marcha una medida audaz que permite a cada persona elegir sus vacaciones a la carta. Se está haciendo una prueba con 170 colaboradores, y si, como se espera, los resultados son satisfactorios, la medida se extenderá a los 59.000 trabajadores que forman parte del conglomerado de empresas “Virgin”.

3. Tamaño.

Si como vemos, tenemos que operar globalmente, es claro que las empresas deben ganar tamaño. Ganar mercados exteriores cuesta mucho tiempo y mucho dinero.

El tejido económico español está compuesto mayoritariamente por PYMES. Según datos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, el 53,6% de las empresas españolas son “micro”, sin asalariados, y el 42,2% tienen entre 1 y 9 trabajadores.

A pesar de que la digitalización ha abaratado mucho los costes de acceso a clientes o proveedores en todo el mundo, sigue siendo imprescindible tener cierto tamaño (es decir, recursos) para poder acometer un proceso de internacionalización. Ha llegado el momento de empezar a ver a nuestro competidor en el mercado nacional como un aliado para salir al extranjero.

En muchos casos, el camino natural es el de la fusión, de manera que se puedan dotar más recursos a la parte comercial y a la de desarrollo de producto, reduciendo costes en el área administrativa, donde muchos procesos son fácilmente externalizables.

No hay que tener miedo a crecer. Cuando una empresa renuncia a aumentar su tamaño permite a un competidor ocupar ese espacio que queda libre. En ese momento, la empresa pasa a tener una actitud defensiva y conservadora, con lo que su evolución difícilmente va a ser la adecuada para adaptarse a los cambios que, sin duda, se van a producir en la actividad que desarrolla.

4. “¡Son los datos, estúpido!”

Todo lo que hemos visto hasta ahora hace que nuestra gestión se tenga que apoyar en datos.

Cuanta más información tengamos de nuestra actividad, mejor. Sin embargo, el uso de esa información debe hacerse con sentido común. He visto gerentes que querían utilizar ¡56! tipos de informe para ver la marcha de la empresa. Por supuesto, no se puede dirigir de esa manera.

Para que te hagas una idea de cómo hacer las cosas, toma el ejemplo de conducir un coche. De todos los elementos de información que hay en un trayecto, solemos fijarnos en:

  • Nivel de gasolina.Velocidad,
  • Cuenta-revoluciones,
  • Temperatura,
  • Nivel de gasolina.

Y si se enciende una luz roja en el cuadro de mandos, entonces paramos y llamamos a la asistencia o miramos el libro del coche para ver qué significa.

Llevar una empresa es igual. La información que tenemos que manejar para saber si vamos bien o mal es poca. Y si el dato no nos gusta, entonces empezaremos a tirar del sistema para ver dónde está el fallo.

Por ejemplo, hace años solo había una cifra que controlaba cada mañana: las ofertas emitidas el día anterior. En función de ese dato sabía si las cosas iban a ir bien o no. Si el valor ofertado era anormalmente alto o bajo se encendía la luz roja, porque podía indicar un cambio de tendencia a futuro. Semanalmente vigilaba el porcentaje de cumplimiento en los plazos de entrega o reclamaciones, y mensualmente hacía un análisis más detallado de otros factores (absentismo, porcentaje de utilización de recursos,…). Pero, repito, con saber la cifra ofertada cada día sabía si las cosas iban bien o no.

No te compliques. Simplifica tu trabajo (eso sí, hay que definir bien la variable clave a controlar).

5. “Pon a los mejores”.

Todo lo hablado hasta ahora no vale para nada si no disponemos de buenos profesionales.

Hay que dejar de pensar en términos de coste para pasar a hacerlo en clave de productividad. Es algo que en España no termina de cuajar.

Parece que es un delito pagar bien a las personas por realizar su labor de manera excelente, que es algo a lo que toda empresa debería aspirar. Sin embargo, lo que ha ocurrido en España es una reducción de salarios durante los años de crisis. El resultado: miles de personas muy cualificadas se han ido al extranjero en busca de mejores oportunidades, es decir, se ha perdido competitividad. De esto hablaré con más calma en próximos escritos.

Estos 5 parámetros van a marcar el futuro de tu organización en los próximos años. ¿Quieres compartir tu experiencia con nosotros? Deja tu respuesta en Facebook, Twitter, Linkedin o Google+, utilizando los botones que hay bajo este post. Nos interesa mucho tu opinión.

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