No por mucho apretar a la gente mejoran los resultados

Unos días después de publicar un post en la plataforma “Pulse” de Linkedin sobre el parón que sufren muchas mujeres en sus carreras profesionales cuando se quedan embarazadas, vi una noticia en la que se decía que el 80% de las pymes quieren poner en marcha políticas de conciliación pero que no pueden hacerlo porque “les faltan ayudas” (se refieren a rebajas fiscales).

El pedaleo fluído mejora los resultados

En el fondo, nos encontramos ante una nueva excusa para justificar otra forma de inacción (una más) del tejido empresarial español. ¿Por qué hay que incentivar fiscalmente a una compañía para que aplique una medida que va a redundar en una mejora de la productividad, y por lo tanto, va a tener reflejo directo en la cuenta de resultados?

Empresa punteras como el grupo Virgin (de Richard Branson) o Google están haciendo pruebas en las que se deja a las personas que trabajan en ellas gestionar su tiempo. Pueden elegir tantos días de vacaciones como quieran, sin límite, siempre y cuando cumplan con sus compromisos laborales. Si las pruebas salen bien y se confirman los buenos resultados (la mejora de la productividad), la medida se extenderá a los muchos miles de profesionales que trabajan en esas organizaciones.

Es decir, Virgin y Amazon llevan hasta sus últimas consecuencias el principio de que confían en sus personas. En la cultura anglosajona es habitual medir el rendimiento laboral de acuerdo a parámetros cuantificables, y por lo tanto, difícilmente discutibles. Todo el mundo sabe, en general, lo que se espera de su trabajo.

En un mundo globalizado donde se exige flexibilidad en horarios, ubicaciones, y que exige también rapidez en la toma de decisiones, y por lo tanto, requiere de los profesionales altos niveles de autonomía y responsabilidad, parece lógico dar el paso de dejar libertad a las personas a la hora de organizar sus horarios para que puedan buscar un mejor equilibrio entre la vida laboral y la personal.

Si alguien “se pasa de rosca” y abusa de esa libertad, no cumpliendo con sus compromisos laborales, estará quebrando la confianza que le ha sido entregada, y tendrá que asumir las correspondientes consecuencias. Vamos, lo normal cuando estamos tratando con gente adulta.

¿Qué ocurre aquí?

La norma general es que la confianza en las personas brilla por su ausencia. Las empresas, tanto grandes como pequeñas, se mueven en el cortoplacismo. La ausencia de Proyectos empresariales a largo plazo es lo habitual. La consecuencia: a la gente se le aprieta una barbaridad. Y lo peor de todo, para nada.

Cuando hacemos que una máquina trabaje al límite durante mucho tiempo tenemos como resultado una disminución de su vida útil. En el deporte se realizan los máximos esfuerzos en momentos muy puntuales porque es imposible disputar una competición con garantías de victoria si se compite todo el rato a la capacidad máxima. Los mejores rendimientos se consiguen en condiciones de trabajo fluidas.

Como decía antes, a la gente se le aprieta. Mucho. Para nada. Porque si miramos los resultados empresariales en España, veremos que son mediocres. La tasa de paro sigue siendo elevadísima, superior al 20%. Es lógico en un tejido productivo donde escasean las empresas tecnológicas con productos de alto valor añadido.

Fijémonos en el siguiente ejemplo. Hay un programa de televisión en tve llamado “Fabricando Made in Spain”. No hay más que ver el tipo de empresas que salen: productores de tortillas de patatas, destornilladores, coches, gazpachos, implantes dentales,… Es decir, productos que son fácilmente replicables en otros países porque la barrera de conocimiento no es muy significativa. Los márgenes empresariales van a ser, en consecuencia, bajos, porque la competencia es muy alta.

Como resultado obtenemos empresas con personas que sufren mucho, y por lo tanto, que rinden menos de lo que deberían. No hay más que ver la cantidad de gente que se está dedicando en la actualidad al coaching. La demanda de profesionales que quieren cambiar su vida (porque están insatisfechas con su situación) ha aumentado espectacularmente. ¿No vamos a hacer nada?

¿Cómo salir del bucle negativo?

Si nos fijamos nuevamente en el mundo del deporte (sobre todo en los deportes de equipo), veremos que hay una frase que se repite a menudo: “los jugadores son los que ganan los partidos”.

Efectivamente, un entrenador puede dar muchas instrucciones, preparar jugadas de estrategia, motivar de una u otra manera,…, pero al final, quienes se van a encargar de verdad de “sacar las castañas del fuego” van a ser los jugadores que saltan a la cancha. Ellos tienen que tomar las decisiones adecuadas en función del transcurrir de un partido.

Y los equipos que ganan son aquellos en los que, además de tener la preparación física y capacitación técnica imprescindibles, se fomenta la confianza y la solidaridad entre todos sus miembros.

En una empresa se supone que contamos con personas capacitadas. Definamos un Proyecto de empresa sostenible y competitiva en el largo plazo. Compartámoslo con toda la organización y dejemos que los profesionales hagan su trabajo con libertad, autonomía y responsabilidad. La cuenta de resultados (que es la que, al final, da y quita razones) lo agradecerá.

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