El líder empresarial totalitario

“A veces, los poderosos actúan como maleantes callejeros, solo que con armas más potentes”

Los líderes empresariales totalitarios son hombres que han derribado lo hecho por otros (de ahí su querencia por descalificar la herencia recibida).

A diario aparecen numerosos artículos hablando de una nueva forma de liderazgo en las empresas. Más participativo, preocupado por las personas, menos autoritario….

La realidad indica, sin embargo, que una cosa es la teoría y otra la práctica. Una cantidad nada desdeñable de gente sufre cada día en su trabajo. La prueba está en el aumento de demanda que están experimentando aquellos profesionales que ofrecen servicios de coaching.

La causa: numerosas organizaciones siguen dirigidas con mano de hierro por líderes totalitarios y egocéntricos. Echa un vistazo a las empresas que aparecen habitualmente en los medios de comunicación. Mira quién está al frente. ¿Qué tipo de liderazgo se ejerce?

Estos líderes solo piensan en términos de programas y planes estratégicos que ellos puedan ver terminados, y por lo tanto, con vida empresarial corta y con “gran botín adquirido de su piratería”. Algunas remuneraciones son abochornantes por su elevada cuantía, algo que, además de vergonzoso, es injusto.

Siempre son personas que han derribado lo hecho por otras (de ahí su querencia por descalificar la herencia recibida). Al mismo tiempo, el líder empresarial totalitario tiene escasa fe en sus propios proyectos (con minúscula, ya que no existen).

Un ejemplo de liderazgo totalitario y egocéntrico, y de sus resultados reales, fue el de Mao, en China. Un día no tuvo más remedio que reconocer ante Kissinger que lo único que había conseguido cambiar bajo su mandato fue la vida de los campesinos que vivían en un radio de unos pocos kilómetros alrededor de Pekín, mientras que el grueso de los 1.200 millones de personas que habitaban China seguían muriéndose de hambre.

Los líderes totalitarios se rodean de su “guardia pretoriana”. A sus miembros les cambia la vida (a mejor) a cambio de perder la libertad (son la voz de su amo por terror) y la dignidad. Mientras, grandísimos profesionales sufren por no poder desarrollar su actividad profesional en un entorno donde se reconozca realmente el mérito de la labor realizada.

Solo el que hace se equivoca. De hecho, estamos en este mundo para equivocarnos. Sin embargo, no tenemos la obligación de aceptar sin más que nos dicten el catálogo de nuestros fallos quienes aciertan, infalibles, porque esperan a saber cuál es el número premiado de la lotería antes de comprar el décimo.

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