La fiabilidad, la base que nos permite competir en el mundo de hoy

Si te fijas en la Fórmula 1, verás que el primer concepto sobre el que trabajan los equipos es el de la fiabilidad. Es fundamental que el coche (principalmente, el motor) no se rompa, que haga kilómetros y que termine las carreras. Y a partir de la fiabilidad, se busca la excelencia, los resultados.

La fiabilidad es la base para competir

La escudería McLaren (donde corre Fernando Alonso), tras su acuerdo con Honda (que volvía a la máxima competición después de años de ausencia) está empezando a conseguir que sus coches terminen las carreras, después de un 2015 demoledor. En las tres últimas pruebas, de hecho, han puntuado, algo que el año pasado era impensable.

Estoy seguro de que terminarán teniendo un coche ganador. Lo que no sé es si llegará a tiempo para que lo pilote Fernando Alonso, porque por edad ya no le quedan muchas temporadas por disputar.

Y estoy seguro de que van a hacer un coche campeón porque tanto McLaren como Honda son grandes compañías, con recursos suficientes para revertir la situación, pero lo que es más importante, porque están asumiendo directamente las consecuencias (en costes económicos, pérdida de prestigio,…) de no ser competitivos.

El deterioro de la marca es tan brutal que no queda otro remedio que espabilar (desaparecer no es una opción en este caso). Dicen que el tiempo es un juez inexorable que da y quita razones. Veremos lo que ocurre, pero yo me mojo y lanzo mi pronóstico.

Lo que ocurre en el mundo de la empresa

Si hacemos la traslación al mundo de la empresa, estaremos de acuerdo en que la fiabilidad es también una de las claves imprescindibles para poder competir en el mundo tan complejo en el que nos movemos hoy. Ganar prestigio requiere mucho tiempo y esfuerzo, pero bastan un par de malas actuaciones para tirarlo todo por la borda.

Solamente con que el mercado al que nos dirigimos reconozca que somos fiables, que cumplimos con nuestros compromisos y que nunca fallamos (o que cuando eso ocurre solucionamos de manera satisfactoria el error), ya tendremos asegurada una determinada cuota de ese mercado.

A partir de esa base, buscaremos la excelencia para aumentar nuestro número de clientes. Así, creceremos y evolucionaremos, y podremos garantizar nuestra supervivencia en el tiempo.

Últimamente vengo diciendo que el tejido económico-productivo español no es muy competitivo (no hay más que ver cualquier ranking de competitividad empresarial para constatar la ausencia generalizada de compañías estatales). Un motivo fundamental es el de la falta de fiabilidad (si lo comparamos con los países punteros, que es el espejo en el que nos tenemos que mirar).

No cumplir con lo pactado en un acuerdo o un contrato sale barato en España. Y sale barato porque quien incumple apenas asume las consecuencias de sus actos.

¡Cuántas veces habré visto dilaciones en el pago bajo el pretexto de “el sistema no me deja”! Tratar con determinadas compañías era un auténtico calvario. “Alguien” daba la orden de retrasar el pago de una factura otros 30, 60 o incluso 90 días sobre lo acordado en el contrato, y la organización se aplicaba con disciplina. Acudir a la justicia era el último recurso, solo para casos extremos.

En los medios de comunicación podemos ver a diario casos que confirman lo que digo, tanto en el ámbito público como en el privado.

Otro ejemplo. El país se va a pasar más de medio año con un gobierno en funciones porque no ha habido manera de llegar a un acuerdo entre las formaciones políticas. Mientras, en el mundo, siguen pasando muchas cosas. Algunos trenes están cada vez más lejos.

El coste directo de la repetición electoral (en el gremio político se empieza a emplear el término “segunda vuelta”) recae sobre la ciudadanía, no sobre quienes lo han generado (los “i-responsables” políticos). Se habló incluso de reducir los gastos electorales de la nueva campaña (que pagamos todos), pero, ¡oh casualidad!, tampoco ha habido forma de llegar a un acuerdo.

¿Ocurriría lo mismo si, por ejemplo, sus señorías no empezaran a cobrar su sueldo como parlamentarios hasta que se eligiera el gobierno? ¿Ocurriría lo mismo si los partidos políticos tuvieran que pagar de su bolsillo, sin posibilidad de cobrar subvenciones, la nueva campaña electoral? Lo dudo.

En el ámbito privado, sobre todo en el de la gran empresa, es habitual ver noticias de cúpulas directivas que cobran sueldos millonarios a pesar de que las compañías estén teniendo muy malos resultados y tengan que aplicar EREs en sus plantillas.

Un caso llamativo ha sido el de Felipe Benjumea, que se llevó 15,7 millones de € tras dejar en quiebra Abengoa (la mayor en la historia de España).  ¿Es esa la forma de asumir responsabilidades?

Todo lo que ocurre es la consecuencia de una crisis de liderazgo

En todo puesto de trabajo, cualquiera que sea el nivel, tiene que haber una concordancia entre autoridad, remuneración y responsabilidad. En el momento en el que esos tres elementos no estén en sintonía, es seguro que aparecerán los problemas en la organización.

En España ocurre que en los altos niveles la remuneración y la autoridad están muy por encima de la responsabilidad. Quienes ostentan el poder en las principales instituciones y empresas del país no asumen las consecuencias de sus actos y “pasan el marrón” a niveles inferiores. Podría empezar a poner ejemplos y me saldría un post de 15.000 palabras.

Muchas veces, cuando nos referimos al principal directivo de una organización utilizamos el término “máximo responsable”. Es lógico, porque la responsabilidad es el reverso de la moneda de la autoridad. Van juntas.

En España, sin embargo, hay personajes que se han “atornillado” a determinados puestos y que solo quieren disfrutar de la “cara” (autoridad) sin saber nada de la “cruz” (responsabilidad). Por eso al país le cuesta funcionar. Y por supuesto, esa falta de funcionamiento tiene un coste.

¿Qué puedes hacer tú?

A pesar de este panorama, no todo está perdido. Un emprendedor o una pequeña empresa puede salir adelante y triunfar gracias a las posibilidades que ofrece la tecnología (internet, redes sociales). Las posibilidades de llegar a clientes remotos en cualquier lugar del mundo son enormes gracias a la digitalización. El potencial de crecimiento es elevado.

En esta Escuela de Inteligencia Directiva vamos dando las claves que te harán tener una posición relevante en tu mercado. Pero hoy, además, recomiendo, sinceramente, el libro, “Internet Puede Salvar Tu Empresa… O Hundirla”, de Rodolfo Carpintier, una de las primeras personas que vio las posibilidades que ofrecía internet.

En él se pone un ejemplo de transformación de una pequeña empresa fabricante de marcos de cuadros. El proceso de cambio está explicado paso a paso, y es replicable a casi cualquier organización. Y por cierto, llega a las mismas conclusiones que las que exponemos en “¡Así son las empresas que crean riqueza!”.

Cuando se dedica tiempo a preparar un Proyecto de Empresa a largo plazo y se ponen los medios para llevarlo a cabo, los resultados llegan, a pesar de que las condiciones del entorno no sean las más favorables.

Estamos para ayudarte. No dudes en acudir a nosotros.

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