“No tengo nada que demostrar”. Turan y Pedro vs Jordan

No tengo nada que demostrar a nadie”. Lo dijo Arda Turan en la rueda de prensa previa al partido que el pasado viernes disputaron España y Turquía ante las críticas que estaba recibiendo por su juego. La “roja” ganó por 3-0 y la actuación del turco fue, cuando menos, discreta.

No tengo nada que demostrar

Asumir este papel para mí es difícil (el de ser suplente) y si no veo continuidad tampoco merece la pena seguir viniendo para hacer grupo, para estar con los compañeros, a pesar de que estoy muy cómodo”. Son declaraciones de Pedro, jugador de la selección española, disconforme con el papel (discreto) que le está tocando jugar en la competición.

La Eurocopa de Francia sigue adelante, y en cada jornada ocurren cosas que son trasladables al mundo de la empresa. Como los casos anteriormente citados. La exposición mediática de los jugadores es brutal, y cualquier declaración que llame la atención de los periodistas tiene una amplísima difusión. Por eso, son buenos ejemplos para hacer pedagogía empresarial.

El deporte profesional, a veces, es muy cruel. Las carreras profesionales son, por ley de vida, de unos pocos años. Algunos deportistas, sobre todo los de élite, tienen problemas para asumir el pasar de la cima a tener un rol secundario (e incluso, irrelevante).

No es la primera vez que escucho la frase “no tengo nada que demostrar”. En el 100% de los casos la pronuncia alguien que ha estado “arriba” pero que lleva una temporada significativa sin alcanzar el nivel de plenitud. Las críticas suelen aparecer y es la respuesta estándar que tiende a ofrecer el protagonista.

Hay una expresión popular que dice algo así como “consigue buena fama y échate a descansar”. Es algo que antiguamente quizás pudiera valer. Desde luego, hoy es difícilmente aplicable. En el deporte, y fuera de él.

Michael Jordan, una de las mayores leyendas de todos los tiempos de la NBA, lo fue porque nunca cayó en la actitud de pensar que “mi pasado sirve para justificar mi pobre presente”.

En baloncesto, cada jugador recibe una puntuación después de un partido basada en sus aciertos en tiros (1, 2 y 3 puntos), asistencias y rebotes, por lo que suele ser un parámetro bastante objetivo para establecer comparaciones.

Los números de Jordan siempre eran espectaculares. Y por mucha fama que tuviera, sabía que si bajaba su rendimiento (y por lo tanto, su valoración), había otro jugador en el banquillo que iba a sustituirle. Por eso, cuando no estaba acertado, en vez de dar una rueda de prensa y lanzar cualquier justificación, trabajaba aún más duro para recuperar su mejor nivel.

Voy a pasar por alto el hecho de que Turan y Pedro no están teniendo la mejor actitud hacia sus compañeros y sus equipos. Eso lo dejo para otro día. Ambos tomaron la decisión, hace un año, de cambiar de club (por distintos motivos). Y ambos han tenido temporadas discretas en sus nuevos destinos. Y ambos están teniendo una Eurocopa pobre.

Turan es el capitán de Turquía y juega de titular. Pedro es suplente y apenas ha disfrutado de unos minutos en el primer encuentro. Y en lugar de reconocer que pueden hacer las cosas muchísimo mejor (y que para ello deben de trabajar más), han optado por la queja, la protesta, el desafío. Deberían saber que en el 100% de los casos tienen las de perder.

Sus seleccionadores (es decir, “sus clientes”), tienen otras muchas opciones para elegir (sobre todo, en el caso de Pedro). Con la actitud que están teniendo los jugadores, les va a ser fácil optar por otra alternativa que ofrezca mejores resultados.

El mundo de la empresa. ¿Eres Turan o Jordan?

En el mundo de la empresa ocurre lo mismo. Éxitos pasados no garantizan los del presente (y mucho menos, los del futuro). Los ciclos de vida se han ido acortando de manera dramática.

Antes la buena fama podía valer para superar un periodo relativamente largo “poco afortunado”. Eso era posible porque los clientes no tenían tanto donde elegir y cambiar de suministrador era, en muchas ocasiones, complicado.

Hoy es perfectamente posible ver que una empresa pasa de estar en la cima a desaparecer en unos pocos meses, o incluso en semanas. No importa el tamaño. Para muestra, los casos de Nokia o Blackberry. La irrupción del iphone cambió de manera abrupta las reglas de juego por las que se regía el mercado de los teléfonos móviles.

Así que, tanto empresarial como profesionalmente, en tu mano está decidir si adoptas la actitud de Turan y Pedro o la de Michael Jordan. En tu mano está elegir el moverse entre la queja y la protesta o luchar cada día por acercarte a la excelencia.

Recuerda, mientras alguien pague por lo que haces estás obligado a demostrar, cada día, que eres merecedor de esa recompensa. Es lo justo. No importa lo que hayas hecho en el pasado. Porque si no, en algún momento, verás que el cliente te envía “al banquillo” y que otra empresa u organización pasa a ocupar tu lugar. ¡Así es el fútbol, y así es la vida!

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